
La ira, si no es refrenada, es frecuentemente más dañina para nosotros que la injuria que la provoca.
Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos.
El éxito y el fracaso depende de la sabiduría y la inteligencia, que nunca pueden funcionar apropiadamente bajo la influencia de la ira.
No hay comentarios:
Publicar un comentario